Podemos crear nuestra propia medicina observando y transformando nuestra narrativa mental y nuestras emociones.
Crecimos aprendiendo que las soluciones vienen de afuera. Que algo más o alguien más nos va a arreglar. Primero, no estamos rotas o rotos sino fragmentadas, fragmentados. En lucha, en tensión, haciendo fuerza para que algo funcione. Esa fragmentación es el resultado de permanecer en extremos, en la ambivalencia, en la no aceptación de lo que hoy es tal cual es.
Y cuando experimentamos el día a día por momentos todo esto se diluye, es como una canción que suena de fondo. Está y no está al mismo tiempo. Y mientras tanto algo molesta, algo duele, algo está mal. Y no lo quiero mirar porque “son cosas que pasan”, “no tengo tiempo”, “la vida es así”, «no puedo a cambiar.»
En paralelo, otra parte se expresa. La que pide tregua. La que viene de adentro. La que habla como síntoma en el cuepo. La que dice: “che, esto no está bien”. Pero igual seguimos, porque todo esto es familiar ya. Y de última me tomo una pasti, una birra, me interno el finde a ver una serie y por un rato pasa. Por un rato.

Elegir desde un lugar conectado a nuestras necesidades y deseos significa: *Deternernos. Y ser testigos de las voces que nos piensan y sienten. *Decir basta. Abrirnos al cambio, entendiendo que crear lo nuevo implica integrar lo viejo. *Definir qué es valioso y prioritario en mi vida.
También significa preguntarnos: *¿Quién soy cuando no soy víctima, cuando no estoy criticando, culpando, quejándome?*¿Quién soy cuando no me exijo, ni exijo al otro, cuando no pretendo ser perfecta o encajar para pertenecer?
*¿Quién soy cuando me comprometo a transformarme y empezar a habitar todos mis roles con conciencia, responsabilidad, amabilidad y suavidad?*¿Quién soy cuando me escucho, cuando reconozco la voz de mi intuición, cuando empiezo a hacer hábito el estar cerca mío, cuando me permito la incomodidad?*
Los genes heredados no son fijos, las creencias heredadas tampoco. Podemos hacer una elección conciente de qué nos nutre y qué no. Podemos ser alquimistas de nuestras percepciones observando y transformando nuestra narrativa mental y nuestras emociones.

Deja un comentario