VIAJAR: REFLEXIÓN DE MI ÚLTIMO VIAJE POR ASIA

Viajar se volvió mucho más que conocer un lugar nuevo. Esa sed de ver más y más y más acabó hace tiempo.

Vivir de viaje, en distintos países y con la posibilidad de conocer mucho y nuevo en poco tiempo me permitió subir un nuevo nivel en mi experiencia viajera.

Viajar se volvió una herramienta de autoexploración, un espacio de vulnerabilidad, un momento de encuentro con partes mías que disfruto y otras que me resultan más desafiantes.

Viajar se convirtió en una materia con varios niveles en la Universidad de la Vida. Y me enseñó (y me enseña) a cambiar permanentemente los lentes a través de los cuales veo el mundo.

Viajar expande mi conciencia, me conecta con la humildad y me recuerda cuan privilegiada soy por poder elegir: qué, para qué, cómo, cuándo, dónde, con quién.

Viajar pone a prueba mi apego y mi conexión con la presencia. Me recuerda que puedo estar sin estar y que el amor incondicional existe. Porque a pesar de la distancia los vínculos anclados en el corazón permanecen más allá del espacio y el tiempo.

Viajar me devuelve a mi, a veces con suavidad a veces no tanto. Me recuerda quien soy, me invita a poner límites y a tomar responsabilidad por mi libertad.

Este mes y medio en Asia aprendí muchísimo. Y en mi intención de vivir esta experiencia con presencia pude ver con claridad: ~ Muchas cosas que extrañaba de mi ~ Otras tantas que me dolían ~ Otras que no conocía.

Siento una gratitud inmensa por los viajes que fueron, los que son, los que vienen. Siento una gratitud inmensa por las transformaciones que los acompañan, ese ingrediente que los hace tan singulares.

Te invito a que siempre viajes con tu corazón abierto, mucha curiosidad y capacidad de asombro. Son imanes que atraen la magia en el camino de quienes se animan a explorar la incomodad de cada nuevo horizonte.

Abrazo!

REGI

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