VIAJE Y PLACER

Tener claro qué me da placer en mi día a día me facilita la conexión con el placer en mis viajes. El placer no está fuera de mi, está dentro mío y yo lo activo porque sé cómo hacerlo. Porque sé qué actividades, qué lugares, qué cuidados, qué tipo de relaciones aprietan ese botón dentro mío. Mi relación con el placer está enraizada en la relación que tengo con mi cuerpo. Sino estoy atenta a mi bienestar físico no puedo pretender placer. Primero lo primero, y primero está el cuerpo

¿Qué me da placer? Esta es la primera pregunta que se me viene a la mente para abrir este tema. Es clave hacerme esa pregunta en general, es decir: en mi día a día, en lo cotidiano poder observar qué me da placer.

Noto que existe un patrón que implica ver al viaje como ese espacio salvador de la rutina que si o si te va a hacer conectar con el placer y si no sucede todo es frustración porque claro… viaje = disfrute.

Y ante esa idea yo propongo la siguiente: por qué no ver al viaje como un espacio a donde podemos llevar nuestra experiencia de placer y expandirla?

Siento que es una forma más sustentable de relacionarme con el placer y por otra parte de alivianar ese peso de depositar en el viaje toda la responsabilidad de mi disfrute.

Porque tampoco es que en un viaje todo es color de rosas. Es válido y necesario dar lugar a todas las emociones. Viajando y siempre. Sentir frustración, enojo, tristeza, preocupación, ansiedad. Me pasa y está ok.

Volviendo al placer y cómo observarlo en el día a día y usarlo para expandirlo en mis viajes, les puedo dar algunos ejemplos. Como me gusta el arte, cuando viajo me encanta buscar barrios con murales o detenerme a sacarle fotos a los que voy encontrando. O como me encanta pasar tiempo en la naturaleza, cuando viajo para mi es clave ir a parques, reservas naturales y jardines botánicos.

Y también se da al revés, si por ejemplo hace mucho que no voy al cine o me hago un masaje y lo hago viajando y lo paso bárbaro, entonces eso me sirve para reconectar con esas experiencias y ver la forma de llevarlas a mi día a día.

Para mi también el placer para por la comodidad y la confianza. Por ejemplo si use empresas de transporte o marcas con las que me sentí así entonces las vuelvo a elegir. O si fui a un café que me encantó o probé un plato que me llenó la panza y el corazón, soy de repetir.

Repito lo que me da placer y punto. Puede que me canse y cambie en algún momento, sí. Mientras tanto voy a seguir eligiendo lo que me da placer hoy respetando mi singularidad y mi energía. Porque así reafirmo y refuerzo ese sentir y lo hago hábito, le hago espacio, le doy lugar, le digo que si.

Y un pequeño agregado más es: lo que a mi me da placer, no necesariamente le va a dar placer a otro. Me lo recuerdo porque a veces al viajar acompañada se me olvida y es interesante que en ese caso exitsa un balance.

Preguntarle a mi compañero o a la persona con la que viajo qué le gusta o qué le da placer, qué necesita y qué prefiere también es parte del viaje. Además de una oportunidad para conectar con otras formas de placer.

Último: sé que no puedo esperar grandes cuotas de placer sino tengo mis necesidades básicas cubiertas. Si estoy sin dormir, o me empaché comiendo, o no paro hace mil horas. No puedo esperar conectar con el placer mágicamente. La relación con el placer está íntimamente conectada con la relación que tengo con mi cuerpo.

Si pretendemos que nuestra relación con el placer sea sustentable y sana, necesitamos nutrir y cuidar la relación con nuestro cuerpo.

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