VIAJE Y CUERPO

Movernos observando a la tierra que nos sostiene – cuerpo – y nos permite ese movimiento es un regalo, un mimo y una inversión a largo plazo en nosotras, nosotros, en nuestro bienestar

Hace un tiempo empecé a observar la interacción con mi cuerpo como una RELACIÓN. Como cualquier otra… como la que puedo tener con mi mamá, mi pareja o una amiga.

Y en esta relación entre mi cuerpo y yo, encontré muchos desafíos porque el cuerpo tiene un lenguaje particular al momento de comunicar algo. Que al mismo tiempo… y una vez que te acostumbras a escucharlo, es claro, simple y bastante directo.

Como toda relación, la relación con mi cuerpo va cambiando y es un costante cambio de aprendizaje que siempre encaro desde un lugar de total humildad y entrega porque entiendo que me trae data siempre a mi favor y lo que necesita es de mi cooperación. Un ida y vuelta.

Y cuando digo «me trae data» me refiero a señales físicas de bienestar o malestar. Relajación o estrés.

¿Qué pasa cuando viajo? Todas esas actividades y ritualcitos que me hacen sentir segura y tranquila a nivel físico, se desarticulan. Y ahí es cuando empiezo a sentir incomodidad y una voz de autoexigencia amplificada que me dice: «tenés que hacer esto y lo otro, y blablabla»

Me gustan mis ritualcitos: entrenar, meditar, ayunar, leer, escribir. Y hay algo de todo eso que pierde cuando me meto en la secuencia de: ¿Cómo llegamos a tal lugar?; ¿Qué necesitamos para entrar?; ¿Qué lugares vamos a visitar?; ¿A qué hora es el check in/check out?; ¿Entrará esto en la mochila?

Me lleva unos días meterme en esa dinámica y por momentos me generá una sensación de pérdida de control muy grande. Ahí es donde mi cuerpo es quien me guía porque hace de mediador entre mi zona de confort y ese fluir que me presenta el viaje.

En cuanto tengo un momento me tomo 10 minutos para meditar, o 30 para escribir. O 1 hora para leer. Si no puedo entrenar elijo caminar a tomar transporte salvo que sean distancias muy grandes, obvio. Y así voy enviando señales de seguridad a mi cuerpo.

Le digo algo así como: «Estamos probando cosas nuevas pero si lo necesitas podemos volver acá, a donde ya sabés que te sentís bien, a casa»

Me parece MUY IMPORTANTE mantener mis rituales mientras viajo. Aunque tal vez no los haga con la misma frecuencia, para mi simbolizan una muestra de amor y cuidado a la relación con mi cuerpo.

Otro tema importante es el descanso. Estar atenta a cuando necesito parar. Para que el viaje no sea un check list de ciudades y atracciones que deja de lado el «cómo me voy sintiendo» o «qué necesita mi cuerpo» para que pueda disfrutar, estar tranquila y presente en la expeirencia.

Y por último, una guía super importante sobre mi bienestar y niveles de energía es mi ciclo menstrual. Durante los días previos y durante mi menstruación sé que voy a necesitar dormir más, ir más lento, exponerme a menos estímulos.

Y desde ese lugar puedo optar por ser más suave con mi cuerpo al momento de elegir actividades, ir a ciertos lugares o exponerme a más ruido, gente o interacciones sociales.

Siento que cada relación ser-cuerpo es única y está buenísimo que cada uno, cada una, pueda explorarla a piacere. A mi me fascina leer sobre el tema, participar en talleres y también consultar a expoertos sobre el tema. Esto último en particular me ayuda mucho a ordenarme, probar distintas técnicas y crear las que se adapten a mis necesidades.

El viaje por otro lado plantea un escenario en donde podamos practicar la flexibilidad, practicidad y creatividad al momento de relacionarnos con el cuerpo.

Deja un comentario