ME DOY PERMISO

En los últimos meses, durante mis momentos de journaling (escritura) salió mucho el tema del permiso.

¿Cuántas veces cuando eras niño o niña tuviste que pedir permiso para concretar un deseo? Desde comer algo, salir a jugar, ver algo en la tele ¿Cuántas veces te lo dieron?¿Cuántas veces no?

¿No te pasa que de adulto muchas veces seguís esperando que alguien “te de permiso”? Para decir algo, empezar una actividad, para emprender, para cambiar un hábito, para sacar un pasaje, para hablar con alguien.

En la adultez ese permiso de traduce en la necesidad de aprobación > pertenencia. Quienes en su momento fueron tal vez mamá y papá, ahora son nuestros amigos, colegas de trabajo, pareja o el conjunto de la sociedad.

Me parece desafiante identificar los aspectos o situaciones de nuestra vida en donde aún seguimos esperando ese permiso. A donde aún seguimos parándonos desde un lugar de niños.

Tomar conciencia de la espera del visto bueno nos permite cambiar la óptica y asumir la responsabilidad de saber que ahora somos nuestros propios ma-padres.

Fortalecer esas figuras, ese par de cuidado/sostén/amor (madre) y dirección/foco/expresión (padre), en nuestro interior nos regala la fuerza para permitirnos ser y encarar la vida bajo nuestro propios paradigmas.

Algo más.

Cuando empezás a permitirte pasa algo hermoso y es que le das espacio a tus deseos para que crezcan. Ya no hay límites. La única persona que puede definir la dimensión y magnitud de esos anhelos sos vos.

Y si surgen obstáculos te invito a que te preguntes: ¿son tuyos?¿de dónde vienen?¿de qué mandato, de qué patrón?¿qué más tiene esa “traba” para contarte, cuáles son sus detalles, cómo funciona?

Escribí, conversá, dibujá. Da a esas “piedras” un espacio para que se expresen y observá como también son espejo del potencial que tenés para concretar tu deseo.

Los abrazo

Regina

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