CASITA

Estos días disfruté del movimiento.

Los primeros tres meses en Australia fueron de aislamiento. Por el lugar a donde vivía: una casita en el medio del campo. Por las personas con las que me relacionaba: mayormente mi pareja. Por el momento que estoy atravesando a nivel espiritual: de transición y desprendimiento de una piel vencida.

La semana pasada partimos de Melbourne hacia el norte aún sin muchas definiciones. Moverme me encendió. Ver otros paisajes, interactuar con personajes que iban apareciendo en el camino, atender a las necesidades básicas que al estar viviendo en una van se hicieron más evidentes.

A dónde cargar diésel, a dónde parar a dormir, qué cocinar, cuántas horas manejar, cuántas horas descansar, qué lugares tienen baño y qué lugares ducha, cómo se cambia una rueda, y si vos nos podés cambiarla: a quién llamas?, a dónde hay mejor señal para enviar un mail o responder un llamado?

La rutina por esa semana cambió bastante. Mantuve la escritura matutina, la lectura, hice poco y nada de ejercicio. A veces estiraba en las paradas y no mucho más.

Agradezco que las manzanas y mandarinas que compré al segundo día me hayan durado hasta el final, sobre todo teniendo en cuenta que la temperatura subía a medida que nosotros subíamos. Agradezco los guisos de arroz o fideos que cenábamos en áreas de descanso silenciosas y alumbrados por estrellas.

El movimiento decantó acá, en Mataranka. En un complejo de cabinas al lado de una estación de servicio a donde voy a trabajar unos meses. La vida es más comunitaria, y por momentos me siento abrumada. Es el contraste después de tanto aislamiento.

CREAR HOGAR

En estos días volví a conectar con la idea de asentarme y hacer viajes cortos. Tener una base. El movimiento me alimenta si lo consumo con moderación. Me repito. El movimiento en exceso me descoloca, desconecta, me enajena de mi.

Sentí esta pulsión hace unos años pero no le di espacio para que se exprese. Hoy empiezo por acá, contándolo. Anunciándolo. Tal es el poder de las palabras, dar forma a una necesidad y marcar mi libre albedrío. Mis elecciones, los hábitos que me lleven a escucharla y atenderla.

Son momentos de armar una nueva casa. En este pasaje y momento de transición, valoro esa compasión que se despierta en mi cada vez que mi ego me pide que me apure. Que resuelva. Que vaya más rápido.

Abro camino con la conciencia de que pequeños pasos van iluminando una cuota más de paisaje. Abro camino con ganas de sorprenderme. Abro camino aún cuando siento mucho miedo y resistencia.

Y agradezco la casa que ya está creada para mi. La casa a donde habitan los hábitos, las relaciones, los paisajes que me nutren. La agradezco aunque aún le tema a ser feliz, a disfrutar y a crear desde el ser. La agradezco con la humildad de reconocer mis limitaciones y más aún: las virtudes que me asisten para manifestarla.

Me pregunto, y les pregunto.

¿Qué transformaciones está viviendo su casa? ¿Cómo la visualizan?¿Qué está listo para irse y hacer espacio para todo lo nuevo que está esperando que le abras la puerta para poder entrar?

Que tengan un hermoso finde tornasolados! Los abrazo!

Regina

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