
Esta frase la dijo mi profesor de teatro en la primera clase teórica que tuvimos hará unos dos meses.
En diciembre 2021 estuve unos 10 días aislada por COVID. En esos días conecté mucho conmigo y terminé de valorar la magia que trae la soledad. Y lo importante que es ese espacio para tomar impulso, recargarme, y volver a compartirme.
Extrañé, obvio. Pero también me encontré otra vez con algunas partes mías que estaban bastante olvidadas. Retomé la lectura, por ejemplo. Me propuse bailar más. Y decidí empezar con clases de teatro online.
Mi intención: darle un espacio de expresión a mi cuerpo emocional. Mis emociones. Conocerlas. Reconocer qué estímulos me las disparan. Hacerlas conscientes al punto de poder jugar con ellas.
Mi mente me dijo que iba a ser difícil. Cuando decidí empezar estaba por mudarme de país (Irlanda > Australia) y en el medio tenía un mes de paseo por España. Además mi profe está en Argentina, entonces: también iba a ser difícil coordinar horarios. Ah! Y ¿online? Qué raro hacer clases de teatro online…
La mente siempre te va a decir que es difícil. Sobre todo si la decisión nace de tu intuición. Es miedo. La famosa perdida de control. Yo diría más bien que es desconexión. Porque hoy confío en que la mente es mi aliada si la guío desde el corazón.
Entonces, empecé. Y estoy sumamente contenta y entusiasmada con las clases. Hago 1 individual/práctica y 1 teórica/grupal por semana. Otro espacio para explorarme y reconocerme en mis distintas versiones.
Me sorprendo cuando me veo cambiar de un personaje a otro, pasar de una emoción a otra en segundos. Me sorprendo cuando observo cómo un cambio de rol transforma completamente la perspectiva desde la cual nos contamos una historia.
Me sorprendo en cada clase cuando encuentro limitaciones ante la propuesta que me trae mi profe y también cuando encuentro liviandad y soltura. Facilidad.
Las clases de convirtieron en un entorno en donde mi fragilidad y mi vulnerabilidad son las llaves de acceso a mi naturaleza. Y no solo eso: también son indicadores de mi valentía.
“Actuar es proceder desde la naturaleza”. Cuando escuché decir eso a Sebas, mi profe, se me encendió el corazón. Entendí por qué mi SER me había guiado ahí.
Justamente porque actuar no requiere falsedad ni fingir sino conectar con mi naturaleza para construir un personaje desde ese lugar. Desde mi verdad.
Aplica también, y ante todo, al escenario de la vida.
Qué tengan una hermosa semana tornasolados!
Los abrazo
Regina

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