
Me pasa en estos días que siento que volví a nacer. No se cómo, ni cuándo, ni dónde.
Hay una Regi que ya no va más. La que necesitaba complacer a los demás constantemente para ser feliz. La que necesitaba siempre un momento en el futuro para disfrutar más.
Honestamente no se fue al 100%. De a ratitos reaparece para recordarme: «ey, yo también estuve acá». Pero después se retira. Respeta, con cierto orgullo, a la nueva.
La nueva es la que dice que se dice que si. Es frágil y vulnerable. Es valiente. La nueva Regi a veces no tiene muy en claro hacia donde va pero sabe que quiere sentirse bien aquí y ahora.
De a poco, paso a paso. Lenta y segura.
La nueva Regi es blanco preferido del ego que la ataca con preguntas y amenazas sobre todo lo que puede perder. Pero ella ya sabe que a la única que no quiere perderse es así misma.
Wow.
Decir que no a personas, situaciones, decisiones que no se alinean a mi sentir me da mucho miedo a quedar fuera, lejos. A ser rechazada, excluida.
Pero decirme que no a mi me da más miedo, me quita energías, me aleja de mi ser, me pierde. Y me deja más cerca de explotar que de un terreno neutral de convivencia y cooperación con mi entorno.
Así que es simple. Y sí, duele. Como después de hacer ejercicios duelen esos músculos que no sabias ni que existían porque no los usabas. Esos músculos son mi corazón y mi autenticidad.
Bienvenida a mi y a mi maestría.
Los abrazo!
Regina

Deja un comentario