
«Alguien que esté interesado en la vida y en la conciencia, automáticamente se interesará por el sexo, porque es la fuente de la vida, del amor, de todos los ámbitos de la conciencia» – Osho
Hoy le hago lugar a mi deseo sexual. De forma natural, sin filtros, con orgullo. No siempre fue así. Aún y a veces escucho a mi ego diciéndome que no. Que está mal, que lo disfrace, que lo reprima, que lo encierre.
Desde chica me conecté fácil con la masturbación. Me recuerdo tocándome y disfrutándolo. Jugando. Miro hacia atrás y agradezco la forma instintiva, animal e inocente con la que, en soledad, empecé a conectar con el autoplacer.
Durante mi adolescencia me focalicé en mi apariencia física. Mejor dicho: me obsesioné. Con la delgadez, con darle a mi cuerpo una forma sacada de modelos y actrices que no conocía.
En ese momento mi deseo sexual se apagó. Junto con mi voluntad y ganas de comer. En ese momento entendí que mi energía estaba conectada con mi alimento. Sin nutrición no tenía energía, no tenía fuego, no tenía vitalidad.
La causalidad trajo a mi vida personas que me ayudaron a desnudarme de esas etiquetas. Recibí el cariño de ojos que veían mi cuerpo. Que me veían a mi, total y completa, hermosa. Sin juicios.
Las pastillas anticonceptivas fueron un capítulo +. Una droga que me «regularizó» y en su momento «aseguró» mi menstruación. Una droga que me dio más «libertad» al momento de compartir sexualmente. Volvió el apetito, el deseo sexual, el disfrute.
Empecé a jugar, me sentí más desinhibida. Y ya en mi época universitaria, y junto a mi pareja en ese entonces, tuve la oportunidad de explorar(me) + la sexualidad. Desde el lado del juego, la ternura y la intensidad.
Hoy, sin pastis de por medio y con una conexión más natural con mi cuerpo, me encuentro buscando ese mix entre mi yo adulta y una práctica sexual consciente. Hoy el autoplacer es parte de mis rutinas. Y, al mismo tiempo, sé con certeza que como muchas otras actividades, el sexo es más lindo compartido.
Hoy el orgasmo es igual de importante que la cocina de ese momento de clímax. Cada beso, cada caricia, cada mimo, cada respiración en el momento presente es fuego y es también amor.
A los que estén leyendo por ahí, les deseo una semana súper ardiente, con juego, mimos y pasión!
Abrazo enorme
Regina

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