GRACIAS POR ELEGIR CONVERSACIONES NUTRITIVAS

Siempre me gustó charlar. Intercambiar ideas. Conocer más. Sobre todas las personas que me rodeaban, sobre las situaciones que me atravesaban, sobre el mundo en general. 

Siempre fui curiosa. Sobre lo conocido y sobre lo desconocido. Sobre temas que tal vez nunca me habían interesado antes. Sobre los que el tiempo no tocó, y no dejaron de gustarme.

A veces use conversaciones como refugio y distracción. Como lugares a donde podía perderme en otras historias, quilombos, mambos.

A veces fueron consuelo. Palabras que me acariciaron. Atención, presencia, orejas que me permitieron hablar, escucharme y reencontrarme. 

A veces las observé. Me quedaron grabadas y pensé que podían repetirse sin fin como un  disco rayado. Empecé a tener miedo ¿y si esas conversaciones controlan mi vida?

Todo el tiempo estamos conversando. Desde que nos levantamos, una voz interna comienza a manifestarse. «Tengo que ir al baño, llego tarde». Puede ser algún pajarito o una alarma. Estímulos que despiertan + conversaciones.

Puede ser un «que tengas un lindo día, nos vemos más tarde». Un mensajito de tu mamá en el celu que te contó que hizo ayer. O los 20 audios de esos amigos y amigas que te encanta escuchar. 

Una angustia rarísima producto de la idea de que algo malo va a pasar. El cielo despejado anunciando frío y sol. Una canción que elegiste para empezar el día porque sabes que te levanta. Un “me quiero quedar en la cama un rato más”. 

A veces me pierdo entre tanta conversación, pero cada vez estoy más atenta. A esas que me hacen sonreír o emocionar. A las que me motivan a crecer, a expandirme. A las que me brindan un espacio para desplegar mi autenticidad.

Esas son las nutritivas. Conmigo, con quienes me rodean, con la naturaleza. De esas quiero más. Esas intenciono, llamo, manifiesto. 

Feliz semana a los tornasolados que leen por ahí!

Regina

Deja un comentario