
«Tu primer y más básico paso hacia la búsqueda de sentido y de significado de la vida consiste en adentrarte en tu soledad. Es tu templo; es donde vive tu dios y no puedes encontrar este templo en ningún otro lugar» – Osho
Hace unos días me tocó estar 10 días aislada por COVID. Tocó bichín. Los síntomas físicos fueron pocos, los síntomas anímicos varios.
Poder reinterpretar una situación es empoderador. Por eso desde un principio elegí tomarme esos 10 días como un retiro hacia mi misma. No como un encierro.
Más tiempo conmigo. Más tiempo haciendo cosas que me gustan. Más descanso. Más discernimiento de los estímulos a los que me expongo todos los días.
Qué info. Qué gente. Qué charlas. Qué actividades. Qué lugares. Qué palabras entran a mi todos los días.
Cuáles elijo conscientemente. Con ganas. Con entusiasmo. Con la convicción de que alimentan mi crecimiento, mi expansión.
Cuáles elijo por inercia, comodidad. Porque alguna vez se sintieron bien, y ya no. Por miedo a quedar fuera o sentirme sola.
Esos 10 días fueron reveladores. Y los agradezco. Encontré mucha resilencia en mi y la virtud de ser capaz de encontrar destellos aunque sean minúsculos en los escenarios más jodidos.
Me vi bailar, leer, hacer ejercicios y yoga, comer más liviano, tener conversaciones contadas y nutritivas.
Me vi llorar, reflexionar, escribir, meditar. Encontré nuevas grietas en mi, por donde después vi asomarse luz.
Me vi extrañar el contacto físico y reconocí mi parte animal. La abracé y me acepté. Necesité abrazos. También me enojé.
Aprendí a respirar mis emociones. Todas. Y les hice hogar en un cuerpo, en una mente, que antes las rechazaba.
No sobreviví al aislamiento. Mejor dicho, crecí en soledad. Encontré su valor y lo llevé a su máxima expresión.
Que tengan una hermosa semana.
Abrazo gigante
Regina

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