
Estos últimos días viví unas lindas tormentas.
Que tanta espiritualidad. Que tanta meditación. Que tanto yoga. Que tanto ayuno. «Y no sé te ocurra pifiarla», me dictaba una vocecita por detrás.
Pero me hice la bolu. No quise escuchar mucho. Y la genia se manifestó igual. Se hizo carne en desborde y excesos.
La exigencia hace eso conmigo. Me lleva a la otra punta. A ese fondo en donde me encuentro imperfecta otra vez y me juzgo. Fuerte. Duro y parejo.
Pase por estados de indiferencia, de enojo y de angustia. Pero no estuve sola ahí, tuve la inteligencia de contactar con humanos mágicos que me ayudaron a volver a mi.
Ellos me guiaron, me dieron pistas hacia mi otra vez. Me ayudaron a ver(me) con otros ojos. A desdramatizar. A desinflar ese globo hermoso de caos que flotaba en mi mente llevando mi atención de un escenario a otro.
Ellos me recordaron imperfecta. Y cuando me abrí, fui vulnerable y les conté sobre mi conflicto me devolvieron un error en forma de estrella.
Respiro. Me siento. Celebro ser así de imperfecta. De mandarme y tropezar. De aprender. De jugar.
«Me equivoco». Se abre una herida. Cicatriza. Permanece una marca en la constelación de mi persona. Soy yo. No hay error. Soy así, hermosa e imperfecta.
Los abrazo con mucho fresco desde Irlanda
Regina

Deja un comentario