
Últimamente prefiero sentirme incómoda a actuar por inercia.
Abrirme a la incomodIad es como caminar descalza en un mar de aguas opacas. No puedo ver el fondo.
Siento cosas que no puedo explicar o desconozco. Me rozan los tobillos algas y caracoles. Tal vez algún pez o medusa. No lo sé.
Mientras tanto por mi cabeza pasan juicios de todos los colores y me cuento historias sin sentido. Sobre todo eso que no puedo ver. Sobre mi y sobre otras personas.
No se siente del todo bien. Es raro. Pero tengo una certeza: camino hacia un lugar más auténtico. Me espera una costa a donde me puedo tirar panza arriba y contenta.
Como todo ciclo, sé que atravesar la incomodidad me va a llevar una lugar de comodidad conmigo misma.
Y si aparece otra vez, va a cumplir esa misma función.
¿Qué es lo que cambia de una vez a otra? Mi forma de validarla, sentirla, vivirla. Mi respuesta, mi reacción o no reacción.
Hoy elijo habitarla. Y sí, me siento más vulnerable. Más desnuda. Y sí, a veces duele y quema. A veces pincha.
Hoy elijo habitarla. Y la tierra firme aparece más rápido y está más cerca. O la veo más fácil.
Hoy elijo habitarla. Sin tanto miedo a ahogarme y con más resistencia al frío. Con un cuerpo que me acompaña.
Hoy te invito a que vos también habites la incomodidad. Te invito a que si te sentís solo en esta, pegues un grito o levantes la mano. Somos muchos bailando en estas aguas.
Abrazo enorme
Regina

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