GRACIAS POR PERMITIRME ESTAR TRISTE

La mayor parte de mi vida me resultó más fácil y cómodo enojarme, quejarme e incluso divertirme que conectar con la tristeza. Me parecía una pérdida de tiempo. Hasta me daba vergüenza. Porque si demuestro que estoy triste significa que perdí, que me ganaron, que soy débil. Porque si lloro la gente no va a saber cómo reaccionar y, además, me siento responsable de contagiarles mi estado de ánimo. 

Recién de adulta me di cuenta que dejaba para lo último esta emoción. Que ante cualquier situación problemática que la disparaba, me decía “es un rato y se me pasa”, anulando la posibilidad de sentirla, anulando la posibilidad a atravesarla. Y lo más importante, nublándome la posiblidad de escuchar le mensaje más importante que tenía para mostrarme: “hola, soy un recordatorio de que tus deseos están en peligro”. 

Hace dos años declaré “tengo un tiempo para atravesar mi momento-estado de tristeza y me lo permito”. Dejé de apurarme para que se me pase. Me di la chance de sentarme a conversar con ella y a sentirla con más conciencia en el cuerpo. Me revelé contra el “no estés triste” que tantas veces escuché y que tanto me repetí. Y me sorprendí con la cantidad de información útil que apareció en esos “estados de bajón”.

Me animé a llorar más. A quebrarme en público y frente a familiares y amigos con espontaneidad. Superé el “mejor no lo digo porque lloro” o el “no quiero llorar porque se me hincha la cara, me lleno de mocos, no quiero que me vean así”. Aprendí a separar las lágrimas de dolor de las de felicidad y también a identificar cuando están mezcladas. Abracé la liviandad y el cansancio de mi cuerpo después de moquear por un rato largo. Me encontré riendo, mientras lloraba. 

La tristeza es un recordatorio que me habla de quién o qué es IMPORTANTE PARA MI. Es como el celular avisando que se está quedando sin batería. Y necesito un tiempo para enchufarme y rellenar esa barrita otra vez. ¿Cuánto tiempo lleva esa recarga? Cada persona tiene su tiempo. Y es clave respetar esos momentos. Los nuestros, los de otros. Acompañar (nos). Y si identificamos que la emoción pasa a ser un estado de ánimo constante, pedir ayuda. 

La tristeza es un buen momento para preguntarnos: ¿Qué significa estar triste para mi y cómo se manifiesta en mi cuerpo? ¿Qué actitudes o acciones dependen de mí para transformar ese estado de ánimo? ¿Cuál es la situación en sí misma y cuál la interpretación que yo hago que me hace sentir así? 

Y ustedes… ¿se permiten estar tristes y conectar con esta emoción? Me encantaría leerlos. 

Beso enorme

Regina

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